Es nuestro el recuerdo encendido de verano. Las voces provincianas melódicas se elevan mientras en horas de la tarde el sol destila los cerros más altos donde se esconde la perpetua blancura. Venero tu modestia, tu voz indefinida. Todo lo que vimos con nuestra distracción, ha quedado en nosotros con detalles exactos. Queremos quedarnos para verte con un asombro esperado pero distinto cada día. Estamos acá como en un sueño, como en un sueño largo que no es nuestro, costeando márgenes de un cerro donde el destino diseña sus propias formas. Es cierto que no olvido ni un color de esa paleta viva que me ha quedado en la palma, inadvertida. Una plaza, una iglesia, hormosa compañía. Intimas calles que no esconden de las horas los preciosos detalles ni oscurecen el día con sombras conturbadas.
Invisibles vertientes surgidas de silencio nutren con suavidad este pueblo anaranjado.
Dedicado a Tavo, Willy, Flaco y Juan



