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Fave
En esencia, todos somos prisioneros del lenguaje
¿Cómo evitar mirar el sol? ¿Cómo evitar reflejarse en la luna? ¿Por qué evitar? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me lanzo contra el lugar donde reboto todas las veces? Cuanto más decidida, más duro el golpe y menos esperanza para arrojarle a los pájaros. Yo más nómade. Más sensible. Más inconformista. Más distanciada. Mi cama es rebatible y duerme en ella un hombre hermoso. Reluciente. Aterciopelado. Deslumbrante. Infinito. Con hierro mezclado en polvo. A su lado vi volar brillos ¡los oí! Él es el cielo de todo lo que pienso. Viajaré por las tierras acariciando las distancias. Mis ojos apuntarán a la selva. La evoco y mi corazón suena como miles de tambores tocados por manos calientes. Una pluma se ha posado en mi almohada. Me incita a escribir o volar, para el caso es la misma cosa. Tengo que partirle este amor en palabras.
—Cuando yo uso una palabra —dijo Humpty Dumpty con cierto menosprecio—, significa justamente lo que yo quiero que signifique. Nada más y nada menos.
—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas distintas.
—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty—, quién es el que manda. Eso es todo.